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Ying
Yang
La dualidad yin yang es quizá el tema de la filosofía
china más difundido en occidente. Por ser patrimonio
común a distintas escuelas de pensamiento, este concepto
adquiere diferentes
matices interpretativos, según se lo considere en el
marco doctrinal del taoísmo metafísico o fuera de él.
Aquí nos limitaremos a desarrollar el significado que
encierra la dualidad metafísica yin yang en la
cosmovisión taoísta, y no haremos referencia por el
momento a los otros desarrollos que adquiere este
principio en el Libro de los cambios (I Ching), o
asociado a la teoría de los Cincos Elementos (Wu Hsing).
Como encuadre
histórico cabe decir que la llamada escuela yin yang
(yin yang chia) se originó en el seno de las primitivas
artes ocultas chinas (fang shi), pero significó un
avance del pensamiento por liberarse de la superstición
y la magia en la comprensión de la naturaleza. En tal
sentido vale recordar las palabras del filósofo
contemporáneo Feng Youlan, quien en "Breve Historia de
la Filosofía China" expone:
"El ocultismo o
magia, desde luego está basado en la superstición, pero
ha sido a menudo origen de la ciencia. Las artes ocultas
comparten con la ciencia el deseo de interpretar la
naturaleza en forma positiva, y conseguir los servicios
de la naturaleza por medio de su conquista por el
hombre. El ocultismo se convierte en ciencia cuando
renuncia a su confianza en las fuerzas sobrenaturales y
trata de interpretar el universo sólo en función de las
fuerzas naturales. Los conceptos sobre estas fuerzas
naturales pueden parecer más bien simples y toscos en un
principio, pero en ellos encontramos los comienzos de la
ciencia. Tal ha sido la contribución de la escuela yin
yang al pensamiento chino. Esta escuela representa una
tendencia científica en ese sentido....."
Queda claro, entonces, que al hablar de la dualidad yin
yang no estamos hablando de principios esotéricos,
sobrenaturales, sino de aspectos reconocibles en el
mundo fenoménico, en la naturaleza.
Yin yang es la
dinámica polar
inherente a todas las cosas existentes, es la forma dual
en que se explicita la Unidad Primordial en el campo del
Ser.
El Uno, nombre que
hemos dado a la fase del tao en que se opera la
transición del No-ser al Ser -concebido como posibilidad
de la existencia del mundo fenomenal-, tensa su
pasividad originaria para dar paso al movimiento, a la
manifestación, a la exteriorización: "Un yin, un yang,
esto es el Tao" se ha expuesto en el Libro de los
Cambios.
El Universo es el
producto de la polaridad emergente de la Unidad
primordial, y todo cuanto está en él contiene a la
polaridad como dinámica esencial de su existencia.
Reposo y movimiento, contracción y expansión,
condensación y dispersión, retroceso y avance...: desde
sus manifestaciones más simples y universales, hasta las
más complejas y particulares, en todo ser manifestado se
expresará esta polaridad originaria.
Y es a partir de
esta interrelación yin yang de los aspectos polares
constituyentes del Ser, que se generan todas las cosas
que animan el Universo.
Hasta aquí me he
resistido a utilizar como ejemplos de la polaridad yin
yang cierto conceptos complementarios que habitualmente
se mencionan; veamos por qué. Es tradicional que se
diga: "lo oscuro es yin, lo luminoso yang,... lo
negativo es yin, lo positivo es yang... lo femenino es
yin, lo masculino es yang... la luna es yin y el sol es
yang....", etcétera.
Por supuesto que,
los caracteres chinos representativos de yin y yang
aluden, respectivamente, al valle del norte como lugar
sombreado y a la ladera del sur como lugar soleado, pero
en dicha metáfora esta implícita la unidad del paisaje
como elemento esencial, y también está significado en
ella la variación de intensidad de luz y sombra en el
monte y en el valle durante el transcurrir del día. Este
acento sobre la unidad esencial, de la cual yin yang son
sólo aspectos polares manifestativos es lo que suele
quedar oculto en tales ejemplificaciones corrientes y
vulgares. Y ocultada la unidad, fácilmente se puede caer
en simples dicotomías que, inmediatamente, nuestros
hábitos occidentales de pensamiento, nos llevan a
considerar como confrontación de opuesto en conflicto.
Yin yang es una
polaridad dinámica complementaria y armónica: la razón
de la sombra la hallamos en la luz existente, y lo
esencial de la luz es que disipa la oscuridad; de igual
modo, retroceder es desandar lo avanzado o expandirse es
abandonar un estado de contracción. El significado de
cualquiera de ellos deviene de la relación con su
opuesto complementario.
El predominio
momentáneo de yin sobre yang o viceversa, y las
mutaciones del uno en el otro, para explicar todos los
fenómenos naturales y las circunstancias de la propia
existencia humana, responde a otros desarrollos teóricos
de este principio del yin yang, que van más allá de la
cosmovisión del taoísmo filosófico y que sin pertenecer
originariamente a la doctrina de Lao Tse y Zhuang Zi,
han pasado a formar parte del taoísmo posterior. De
momento no entraremos en tales consideraciones que
pueden llevarnos a perder de vista la cuestión esencial:
a) en la visión
orgánica del universo que sustenta el taoísmo filosófico
toda manifestación del ser es dual y encierra los
contrastes y tensiones implícitos en toda interacción de
polaridades, no pudiendo existir un aspecto del fenómeno
sin su opuesto complementario.
b) de la relación
de aspectos opuestos complementarios, tal que no se
puede concebir la existencia del uno sin la del otro, ni
la modificación del uno sin el cambio del otro. sólo
cabe esperar estados de equilibrio dinámico y no la
imposición definitiva de uno sobre el otro, o la
aniquilación de uno de ellos por la acción del otro.
Digamos para cerrar
este tema, que el principio yin yang se lo simboliza
tradicionalmente con el círculo dividido en dos mitades
por una línea sinuosa en forma de S con una mitad de
color negro y la otra de color blanco; el círculo evoca
la unidad del universo constituido por los aspectos yin
(negro) y yang (blanco) inseparables en toda
manifestación de la totalidad; dentro de la mitad de
cada color hay un círculo menor del color opuesto en
posición central, indicativo de que cada uno de los dos
aspectos, en el punto culminante de su despliegue lleva
en germen a su opuesto polar para operar su
transmutación.
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